7 July 2008 Biografía de Miguel Hernández Gilabert
Primer viaje a Madrid y Perito en lunas
PoseÃdo por la fiebre de la fama, Miguel Hernández en diciembre de 1931 se lanza a la conquista de Madrid con un puñado de poemas y unas recomendaciones que al fin de nada le sirven.
Aunque un par de revistas literarias, La Gaceta Literaria y Estampa, acusan su presencia en la capital y piden un empleo o apoyo oficial para el “cabrero-poeta”, las semanas pasan y, a pesar de la abnegada ayuda de un puñado de amigos oriolanos, Miguel Hernández tiene que volverse fracasado a Orihuela.
Pero al menos ha podido tomarle el pulso a los gustos literarios de la capital que le inspiran su libro neogongorino Perito en lunas (1933), extraordinario ejercicio de lucha tenaz con la palabra y la sintaxis, muestra de una invencible voluntad de estilo.
Tras este esfuerzo el poeta Miguel Hernández ya está forjado y ha logrado hacer de la lengua un instrumento maleable. En Orihuela continúa sus intensas lecturas y sigue escribiendo poesÃa. También sus amigos le preparan alguna actuación en público.
En el Casino de Orihuela Miguel Hernández recita y explica su “ElegÃa media del toro“. Otra vez, en abril de 1933, es en Alicante donde interpreta la misma elegÃa después de una docta charla de Ramón Sijé sobre Perito en lunas.
La prensa local se hace eco del acontecimiento literario alimentando en el joven poeta el ansia y sed de celebridad.
Segundo viaje a Madrid
Un dÃa, al salir de su trabajo, Miguel Hernández conoce a Josefina Manresa y se enamora de ella. Sus vivencias van hallando formulación lÃrica en una serie de sonetos que desembocarán en El rayo que no cesa (1936).
Las lecturas de Calderón le inspiran su auto sacramental Quien te ha visto y quien te ve y sombra de lo que eras, que, publicado por Cruz y raya, le abrirá las puertas de Madrid a su segunda llegada en la primavera de 1934.
Allà se mantiene con un empleo que le ofrece José MarÃa de CossÃo para recoger datos y redactar historias de toreros. En Madrid su correspondencia amorosa no se interrumpe y la frecuente soledad inevitable en la gran ciudad le hace sentir nostalgia por la paz e intimidad de su Orihuela.
Las cartas abundan en quejas sobre la pensión, rencillas de escritores, intrigas, el ruido y el tráfico. Asà es que en cuanto le es posible Miguel Hernández vuelve a su pueblo para charlar con los amigos, comer fruta a satisfacción y bañarse en el rÃo.
Aunque lentamente, va creándose en Madrid su cÃrculo de amigos: Altolaguirre, Alberti, Cernuda, Delia del Carril, MarÃa Zambrano, Vicente Aleixandre y Pablo Neruda. Miguel Hernández trata de vender entre ellos algunos números de la revista El Gallo Crisis, recién fundada por Ramón Sijé, pero tienen que constatar que ésta no gusta a muchos de sus nuevos amigos.
Neruda se lo confiesa abiertamente: “Querido Miguel, siento decirte que no me gusta El Gallo Crisis. Le hallo demasiado olor a iglesia, ahogado en incienso“. Ramón Sijé teme perder a su gran amigo para sus ideales neocatólicos, pero pronto tienen que constatar que el ambiente de Madrid puede más que los ecos de la lejana Orihuela.
Pablo Neruda insiste en sus ingeniosos sarcasmos anticlericales: “Celebro que no te hayas peleado con El Gallo Crisis pero esto te sobrevendrá a la larga. Tú eres demasiado sano para soportar ese tufo sotánico-satánico“.
Si Ramón Sijé y los amigos de Orihuela le llevaron a su orientación clasicista, a la poesÃa religiosa y al teatro sacro, Neruda y Aleixandre lo iniciaron en el surrealismo y le sugirieron, de palabra o con el ejemplo, las formas poéticas revolucionarias y la poesÃa comprometida, influyendo, sobre todo Neruda y Alberti, en la ideologÃa social y polÃtica del joven poeta provinciano.
Superada esta crisi, Miguel Hernández
es ya un poeta hecho y comienza a crear lo más logrado y genial de su obra.
La Guerra Civil y Miguel Hernández
El estallido de la Guerra Civil en julio de 1936 le obliga a tomar una decisión. Miguel Hernández, sin dar lugar a dudas, la toma con entereza y entusiasmo por la República.
No solamente entrega toda su persona, sino que también su creación lÃrica se trueca en arma de denuncia, testimonio, instrumento de lucha ya entusiasta, ya silenciosa y desesperada.
Como voluntario se incorpora al 5Ñ” Regimiento, después de un viaje a Orihuela a despedirse de los suyos. Se le envÃa a hacer fortificaciones en Cubas, cerca de Madrid. Emilio Prados logra que se le traslade a la 1Є CompañÃa del Cuartel General de CaballerÃa como Comisario de Cultura del Batallón de El Campesino.
Va pasando por diversos frentes: Boadilla del Monte, Pozuelo, Alcalá. En plena guerra logra escapar brevemente a Orihuela para casarse el 9 de marzo de 1937 con Josefina Manresa. A los pocos dÃas tiene que marchar al frente de Jaén. Es una vida agitadÃsima de continuos viajes y actividad literaria.
Todo esto y la tensión de la guerra le ocasionan una anemia cerebral aguda que le obliga por prescripción médica a retirarse a Cox para reponerse. Varias obritas de Teatro en la guerra y dos libros de poemas que han quedado como testimonio vigoroso de este momento bélico: Viento del pueblo (1937) y El hombre acecha (1939).
El poeta Miguel Hernández en la cárcel
En la primavera de 1939, ante la desbandada general del frente republicano, Miguel Hernández intenta cruzar la frontera portuguesa y es devuelto a las autoridades españolas. Asà comienza su larga peregrinación por cárceles: Sevilla, Madrid.
DifÃcil imaginarnos la vida en las prisiones en los meses posteriores a la guerra. Inesperadamente, a mediados de septiembre de 1939, es puesto en libertad. FatÃdicamente, arrastrado por el amor a los suyos, se dirige a Orihuela, donde es encarcelado de nuevo en el seminario de San Miguel, convertido en prisión.
El poeta -como dice lleno de amargura- sigue “haciendo turismo” por las cárceles de Madrid, Ocaña, Alicante, hasta que en su indefenso organismo se declara una “tuberculosis pulmonar aguda” que se extiende a ambos pulmones, alcanzando proporciones tan alarmantes que hasta el intento de trasladarlo al Sanatorio Penitenciario de Porta Coeli resulta imposible.
Entre dolores acerbos, hemorragias agudas, golpes de tos,
Miguel Hernández se va consumiendo inexorablemente.
El 28 de marzo de 1942 muere a los treinta y un años de edad.
Fuentes: MHernandez, WikiPedia.
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